Noche 7. 

Lo extraño. Aún no entiendo en qué momento se marchó. 

Tal vez fue aquél miércoles en la noche, mientras me miraba y me decía que me quería. O unas horas antes, mientras entre besos y caricias me repetía una y otra vez «eres mía, y así quiero que sea siempre. Solo mía»

Aunque puedo estar equivocada, ¿acaso fue aquella tarde que me llamaste ‘amor’? ¿O fue el día que me dijiste que por favor nos quedáramos así, un poquito más y nos volvimos abrazos? 

No… tuvo que ser un momento menos programado. De esos que son descuidos que lo cuestan todo.

¿O fue la tarde en que nos encontramos por casualidad? Seguro. Sí, seguro fue ese día. Las casualidades tienen esa horrible tendencia a joder.

¿Quién lo diría? La casualidad de encontrarte, fue la misma que me alejó de ti.  

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Noche 5.1.

1 año, 3 meses, 1 semana y 2 días.

No sé si esperaba que el tiempo fuese mayor, o menor. La verdad, eso carece de importancia en este preciso instante. Te recuerdo. Aún te recuerdo, con una exactitud casi alarmante. Cierro los ojos y puedo dibujar tu figura, describir tus pasos, recordar tus lunares, hablar de tus abrazos y el calor.

Los libros y la música, se han llenado de polvo desde que no estás, es algo que aún me cuesta retomar, pues sé que andas ahí: en cada página, en cada nota. 

Quise evitar cualquier tipo de traición… cambié de habitación: nueva cama, decoré las repisas, pinté los cuadros. Eliminé todo aquello que pudiese tener tu rastro, no quería manchar con sentimientos pasajeros todo lo que te perteneció. 

Pero… ¿de qué sirve querer engañarme si las huellas de mi piel y de mi alma aún están? 

Las huellas ahí, intactas. A la espera de volver a doler, como cicatriz que no termina de curar. Como aquél síntoma que aparece en medio de una noche fría, con el único fin de recordar que sigue ahí, silencioso, pero ahí. 

Noche 2.

Pensaba que el amor era algo simple, que podía tenerlo en mis manos y guardarlo con fervor: apretarlas fuertemente y cerrar los ojos, rogando que no se pudiese escapar; pero entre más fuerza ejercía, más lo perdía, porque el amor se desbordaba, no se dejaba contener, buscaba incansablemente adueñarse de cada rincón.

Supongo que por eso te has marchado, porque el amor era tan grande que mi corazón te ha quedado pequeño.

¿O solo pensaré así por consuelo?

Ahora, una vez más, cierro mis ojos para pedir con fervor, pero esta vez, pido por ti, porque mi único consuelo sería poder mirarte una vez más, sentir tus brazos rodeándome y aunque sea solo por esa noche, que me hagas creer que era amor.