Noche 5.1.

1 año, 3 meses, 1 semana y 2 días.

No sé si esperaba que el tiempo fuese mayor, o menor. La verdad, eso carece de importancia en este preciso instante. Te recuerdo. Aún te recuerdo, con una exactitud casi alarmante. Cierro los ojos y puedo dibujar tu figura, describir tus pasos, recordar tus lunares, hablar de tus abrazos y el calor.

Los libros y la música, se han llenado de polvo desde que no estás, es algo que aún me cuesta retomar, pues sé que andas ahí: en cada página, en cada nota. 

Quise evitar cualquier tipo de traición… cambié de habitación: nueva cama, decoré las repisas, pinté los cuadros. Eliminé todo aquello que pudiese tener tu rastro, no quería manchar con sentimientos pasajeros todo lo que te perteneció. 

Pero… ¿de qué sirve querer engañarme si las huellas de mi piel y de mi alma aún están? 

Las huellas ahí, intactas. A la espera de volver a doler, como cicatriz que no termina de curar. Como aquél síntoma que aparece en medio de una noche fría, con el único fin de recordar que sigue ahí, silencioso, pero ahí. 

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Noche 4.

Hoy tengo un profundo vacío, en donde se supone iría mi corazón. Siento que falta, que no está. Punzadas allí, justo allí, donde se supone que debería estar el amor. 

¿por qué siempre esperaremos un amor correspondido? 

¿Acaso mi amor no es lo suficientemente grande para abrazarnos a los 2? Jugaré a que se puede. Me disfrazaré de cordialidad, procuraré siempre hacer brillar mis ojos, aún con la dificultad que acarrea hacer que estos brillen cuando el alma está rota.