Noche 3.

Hoy estoy acá, escribiendo todo aquello que no logro decirte, porque el miedo a que tus sentimientos difieran de los míos, es mucho mayor. Respiro y me alejo. Lentamente… contando mis respiraciones, pensando en tus latidos. Vuelvo a respirar y doy un paso más, otro hacia atrás. 

Me aqueja tu ausencia, entre más lejos estoy, más cerca está. Me susurra, me habla de ti, me cuenta de tus ojos y cómo cambian de color al sol. Me menciona tus manos y le quedan cortos los adjetivos para describir su suavidad. 

¿Qué tan grande es el amor que me aqueja si no logro luchar por el miedo a él?

Y aunque podía resistir tu ausencia, preferí no cargar con ella. Ya es tarde y perdí la cuenta de cuántas veces me he extraviado de mí, así que, al menos esta vez, haría que tantos caminos sirvieran para encontrarte.

Noche 1.

Porque no es la soledad lo que me habita. Tus recuerdos, tu aroma y tu sabor aún están acá… Acechando. A la espera de la tristeza para colarse junto a ella, para entrar y alborotar cada espacio que lleva tu nombre.

¿Y tú cómo estarás? 

Por favor ven, que esta noche te espero, me vestí con mi sonrisa más cordial y limpié a la perfección los rastros de tu ausencia. Ven, que estoy ansiosa de escuchar tus excusas y de sonreír como si te creyera… Estoy dispuesta a escucharte las mentiras y a guardar mis lágrimas para cuando te hayas ido.

Ven, ven que quiero sentir tu mano en busca de la mía al menos una vez más, quiero verte sonreír y pensar que me quieres aunque sea por ese momento. Ven, que la noche es larga sin ti y mis pasos buscan desesperados que los tuyos los detengan.

¿Te dolerá tanto como a mí?

Déjame recostar en tu pecho y sentir que tus latidos se sincronizan con mi respiración,  ven por favor, que el corazón ya duele de tanto esperar.

Solo ven, por favor, ven.

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