Noche 5.

Hoy solo estoy cansada.

Justificamos una y otra vez, encontramos razones donde no las hay, queremos arriesgarnos, intentarlo, entregarnos…  ¿a cambio de qué? 

Cuesta… Claro que cuesta. Tomar las riendas de tu vida y hacerte consiente que la felicidad no necesita compañía, es algo que requiere de tiempo; a veces más, a veces menos: es inversamente proporcional al amor propio.

Pero entonces, cuando te aprendes a querer mucho, empiezas a exigir lo que crees merecer: porque conoces tu valor, porque sabes lo que puedes ofrecer; empiezas a sanar con mayor rapidez, porque no hay culpas, porque hiciste las cosas bien. Porque como siempre, lo intentaste. Hasta donde fue imposible. 

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