Noche 7. 

Lo extraño. Aún no entiendo en qué momento se marchó. 

Tal vez fue aquél miércoles en la noche, mientras me miraba y me decía que me quería. O unas horas antes, mientras entre besos y caricias me repetía una y otra vez «eres mía, y así quiero que sea siempre. Solo mía»

Aunque puedo estar equivocada, ¿acaso fue aquella tarde que me llamaste ‘amor’? ¿O fue el día que me dijiste que por favor nos quedáramos así, un poquito más y nos volvimos abrazos? 

No… tuvo que ser un momento menos programado. De esos que son descuidos que lo cuestan todo.

¿O fue la tarde en que nos encontramos por casualidad? Seguro. Sí, seguro fue ese día. Las casualidades tienen esa horrible tendencia a joder.

¿Quién lo diría? La casualidad de encontrarte, fue la misma que me alejó de ti.  

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Noche 6.

Justo 6. Esto debe ser un mal chiste. 

No volví a escribir porque justo la 6, hablaba de ti. Y de ella. De ustedes. Y por ahora, no me siento capaz y mucho menos deseo, dedicar un gran texto a eso. 

Así, que me limitaré a decir: hasta aquí. 

Noche 5.1.

1 año, 3 meses, 1 semana y 2 días.

No sé si esperaba que el tiempo fuese mayor, o menor. La verdad, eso carece de importancia en este preciso instante. Te recuerdo. Aún te recuerdo, con una exactitud casi alarmante. Cierro los ojos y puedo dibujar tu figura, describir tus pasos, recordar tus lunares, hablar de tus abrazos y el calor.

Los libros y la música, se han llenado de polvo desde que no estás, es algo que aún me cuesta retomar, pues sé que andas ahí: en cada página, en cada nota. 

Quise evitar cualquier tipo de traición… cambié de habitación: nueva cama, decoré las repisas, pinté los cuadros. Eliminé todo aquello que pudiese tener tu rastro, no quería manchar con sentimientos pasajeros todo lo que te perteneció. 

Pero… ¿de qué sirve querer engañarme si las huellas de mi piel y de mi alma aún están? 

Las huellas ahí, intactas. A la espera de volver a doler, como cicatriz que no termina de curar. Como aquél síntoma que aparece en medio de una noche fría, con el único fin de recordar que sigue ahí, silencioso, pero ahí. 

Noche 5.

Hoy solo estoy cansada.

Justificamos una y otra vez, encontramos razones donde no las hay, queremos arriesgarnos, intentarlo, entregarnos…  ¿a cambio de qué? 

Cuesta… Claro que cuesta. Tomar las riendas de tu vida y hacerte consiente que la felicidad no necesita compañía, es algo que requiere de tiempo; a veces más, a veces menos: es inversamente proporcional al amor propio.

Pero entonces, cuando te aprendes a querer mucho, empiezas a exigir lo que crees merecer: porque conoces tu valor, porque sabes lo que puedes ofrecer; empiezas a sanar con mayor rapidez, porque no hay culpas, porque hiciste las cosas bien. Porque como siempre, lo intentaste. Hasta donde fue imposible. 

Noche 4.

Hoy tengo un profundo vacío, en donde se supone iría mi corazón. Siento que falta, que no está. Punzadas allí, justo allí, donde se supone que debería estar el amor. 

¿por qué siempre esperaremos un amor correspondido? 

¿Acaso mi amor no es lo suficientemente grande para abrazarnos a los 2? Jugaré a que se puede. Me disfrazaré de cordialidad, procuraré siempre hacer brillar mis ojos, aún con la dificultad que acarrea hacer que estos brillen cuando el alma está rota.

Noche 3.

Hoy estoy acá, escribiendo todo aquello que no logro decirte, porque el miedo a que tus sentimientos difieran de los míos, es mucho mayor. Respiro y me alejo. Lentamente… contando mis respiraciones, pensando en tus latidos. Vuelvo a respirar y doy un paso más, otro hacia atrás. 

Me aqueja tu ausencia, entre más lejos estoy, más cerca está. Me susurra, me habla de ti, me cuenta de tus ojos y cómo cambian de color al sol. Me menciona tus manos y le quedan cortos los adjetivos para describir su suavidad. 

¿Qué tan grande es el amor que me aqueja si no logro luchar por el miedo a él?

Y aunque podía resistir tu ausencia, preferí no cargar con ella. Ya es tarde y perdí la cuenta de cuántas veces me he extraviado de mí, así que, al menos esta vez, haría que tantos caminos sirvieran para encontrarte.

Noche 2.

Pensaba que el amor era algo simple, que podía tenerlo en mis manos y guardarlo con fervor: apretarlas fuertemente y cerrar los ojos, rogando que no se pudiese escapar; pero entre más fuerza ejercía, más lo perdía, porque el amor se desbordaba, no se dejaba contener, buscaba incansablemente adueñarse de cada rincón.

Supongo que por eso te has marchado, porque el amor era tan grande que mi corazón te ha quedado pequeño.

¿O solo pensaré así por consuelo?

Ahora, una vez más, cierro mis ojos para pedir con fervor, pero esta vez, pido por ti, porque mi único consuelo sería poder mirarte una vez más, sentir tus brazos rodeándome y aunque sea solo por esa noche, que me hagas creer que era amor.