Noche 2.

Pensaba que el amor era algo simple, que podía tenerlo en mis manos y guardarlo con fervor: apretarlas fuertemente y cerrar los ojos, rogando que no se pudiese escapar; pero entre más fuerza ejercía, más lo perdía, porque el amor se desbordaba, no se dejaba contener, buscaba incansablemente adueñarse de cada rincón.

Supongo que por eso te has marchado, porque el amor era tan grande que mi corazón te ha quedado pequeño.

¿O solo pensaré así por consuelo?

Ahora, una vez más, cierro mis ojos para pedir con fervor, pero esta vez, pido por ti, porque mi único consuelo sería poder mirarte una vez más, sentir tus brazos rodeándome y aunque sea solo por esa noche, que me hagas creer que era amor.

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